Cuando los jueces agasajaban a Garzón

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LibertadDigital | Cuando los jueces agasajaban a Garzón

federico jiménez losantos 2012-02-09

Este texto está tomado del libro de Federico Jiménez Losantos El Linchamiento, publicado por La Esfera de los libros en 2011.

Eran las dos de la tarde del 22 de octubre de 2009 cuando el médico me dejó salir de la enfermería de los juzgados de Plaza de Castilla con la nariz llena de algodón y tras prometerle un chequeo exhaustivo para comprobar cómo andaba mi salud, si es que algo en mi organismo merecía tal nombre. Llevaba mes y medio en la vorágine de esRadio, a lo que había que añadir los colgajos de las demandas y querellas pendientes, así que no me alteró los hematíes la pregunta de mi abogada, María Dolores Márquez de Prado:

—Si estás bien, deberíamos decidir sobre la demanda contra Garzón.

Íbamos en coche por la Castellana, a la altura del flamante edificio de la Mutua Madrileña. Lo recuerdo porque pensé en la comodidad de tener un seguro contra los atropellos de la Administración de Justicia y también en la dificultad de que, pese al claro negocio, una compañía de seguros se animase a fijar una prima en concepto de pago de costas, multas y fianzas.

—Yo recurriría, pero, ¿hay alguna posibilidad real de que ganemos?

—Ninguna.

—¿Ninguna, ninguna?

—Absolutamente ninguna. Después de acudir a dos o tres instancias, en unos cuantos años, seguramente sí, porque tienes razón. Ahora, contra Garzón, ninguna.

—O sea, que es mejor olvidarse del asunto.

—Si quieres, recurrimos, pero eso es lo que, con casi total seguridad, pasará. Comprendo que te indigne, porque es injusto. Pero piensa si, pese a todo, te conviene.

Recordé entonces, como en una película de cine mudo, a cámara rápida, lo que me había llevado a la demanda contra Garzón. De alguna forma, yo aún confiaba, siquiera un poco, en la justicia, porque recurrí a los tribunales cuando me atacó en su libro Un mundo sin miedo. Naturalmente, que Garzón me pusiera verde en términos políticos o ideológicos me daba igual. Un juez debería tener más cuidado que un periodista político cuando ejerce la crítica, y en los países anglosajones esa regla se observa escrupulosamente; pero ni España es un país anglosajón ni Garzón me ha parecido nunca un juez digno de ese nombre. Desde que, tras instruir el caso GAL sobre los crímenes del [...]

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